lunes, marzo 31, 2008

y llegó el [epitafio]

(Del latin epitaphîus y este del griego ἐπιτάφιος, sepulcral)
1. m. Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento.

Ni fui el peor. Ni el mejor, por supuesto.
Tampoco hice los méritos suficientes, por supuesto.
No entendí. No entendí nada. Ni yo me entendía, ni siquiera una chispa de intento había.
Sólo dejé. Construí, destruí, recomupuse, diluye, arrojé, revolví. No hice la cama cuando debía.
No fregué los platos. No escuché. Me callé. Supuse. Interrumpí. Rompí aguas. Caminé.
Me hice pesado, liviano, escurridizo, ausente. Frívolo, distante. Aburrido, pesado. A ratos enfermizo.
Me he mordido las uñas. Una y otra vez. Y lo sigo haciendo. También sigo fumando...
Limpié lo justo, no me gustaba la clase de gimnasia. Odiaba el razonamiento sencillo. Complicado.
He cambiado de compañía de telefonía móvil. Y a veces me cuesta leer la hora en relojes de aguja.
Soy poco constante. Dejé las clases de italiano. Me negué a hacer sudokus y luego me enganché.
No entendí y sigo sin entender. Hay tanto que me queda por entender...
No concretizo, tiendo a generalizar. Claro que... no sé... [intervalos de duda]
...
[momentos de crisis]
...
lucidez.
Creo tener algunas cosas buenas. Enlatadas, en conserva. Como todos, seguramente.
Y la exigencia... esa chocha y refinada, estirada y soberbia que no te deja escapar. La misma que te golpea una y otra vez, una y otra vez, derecha, izquierda [campana de ring]
la exigencia que nos lleva a renunciar, a apretar, a tensar la cuerda.
A dar giros y giros, a retorcer la cabeza, y por extensión las ideas.
No soy el peor. Fracasé al intentar ser menos gris.
He conseguido quedarme con algunos colores, a ratos. Dibujo lo que puedo, no lo que me dejan.
No entiendo muchas cosas. No soy [suficientemente] listo.
Pero, qué narices... lo sigo intentando. Desde el sofá o desde donde sea. Riéndome de todos o lamentándome por mi mismo. Desde el polo opuesto a la más tranquila de las orillas de la serenidad. La que se va y se viene como la antena de la televisión de esta casa.
[...]
Lo sigo intentando. Y ha vuelto a llover...
No sé puede pedir más. En el fondo, es lo que hay.

[arrivederci]

lunes, octubre 29, 2007

en un teatro siempre existen [marionetas]

(Del fr. marionnette)

1. f. Títere (~muñeco de pasta u otra materia)
2. Persona que se deja manejar dócilmente

Notas que el corazón te bombea fuerte. Que la presión de la sangre te llega a las sienes, rebota, oprime. Sin poder controlar la respiración, diafragma arriba y abajo, descontrolado. Labios que se secan aunque los recorras bañándolos una y otra vez con la lengua. Sin decisiones responsables, sólo temblor, nervios, angustia, pulso acelerado. Ojos de lado a lado. Girando, recorriendo lo que te rodea. Intranquilo... cada vez te haces más pequeño a contracorriente ¿o era en contra de tu voluntad? Tus brazos antes potentes ahora se recogen alrededor de tus piernas. Encogido. Como un lazo, con palmas de manos y brazos entrelazados. A menudo... no notas el antes ni el después. Se hace interminable el lapso de tiempo en que el aire entra y sale, se esconde un rato y te esquiva. ¿Respiras? ¿Recuerdas? En ese momento todo pasa delante de ti sin que lo cojas, sin que te agarres, sin que importe, ni lo que se es ni lo que se podría llegar a ser... sólo gritar, por favor... gritar... que me dejen gritar y ahogarme con la garganta en posición vertical. Que me quema, o es que no lo veis, que me quema todo el aire que me entra... Que me revienta, o es que no lo notáis... que me revienta toda esta atmósfera cargada. Humo, condicionantes, conservantes y miedo. Puro miedo. De ese que te atenaza y te recoge, te encoge, te sobrecoge y te acongoja. ¿Ya has acabado? Y cómo es que no se va el nudo del estómago y el temblor de manos... siguen ahí, conmigo en el rincón. Castigados por pecadores... o por marionetas. Quién lo sabe...

[Mesías y demonio todo en uno...]

lunes, octubre 01, 2007

la fabula de [patito] y txiqui-lago

1. m. Méx. Bote que dan las piedras lanzadas sobre la superficie del agua (hacer el patito)
[...]

Diminutivo de [pato]: Del ár. hisp. páṭṭ, este del ár. clás. baṭṭ, y este del persa bat.



Érase una vez un lago, de agua verde y tranquila, al que todos los vecinos del lugar le llamaban txiqui, por su tamaño reducido, por ser simplemente eso, un lago. Ni un estanque ni un gran mar.
Un tiempo atrás un patito se había instalado en una de sus orillas. Después de reunir unos juncos secos y unos carrizos, patito se construyó un nido y allí se quedó a vivir. Nadaba por txiqui-lago recorriendo su agua, calentándose con ella, bebiendo de ella cuando tenía sed, pescando peces cuando tenía hambre y dejándose llevar por el croar de las ranas cuando tenía sueño.
Txiqui-lago se sentía feliz de que patito viviera allí, aunque no siempre sus aguas estaban igual. Sentía que a veces sus aguas se pudrían, cambiaban del verde turquesa al verde oscuro... olían mal, se corrompían. Pero txiqui-lago se tragaba su contaminación poco a poco, la depuraba. Y de todo eso patito no sabía nada de nada. Txiqui-lago pensaba que si patito veía que él sólo era un lago pequeño se iría. Y en silencio purificaba su agua para intentar ofrecer a patito aquello que él pensaba que necesitan a todos los patos. Y poco a poco pensaba que sí, que lo conseguía. Que conseguía ser un lago suficiente.
Una mañana de invierno txiqui-lago se despertó y patito ya no estaba. Se había ido volando durante la noche. Y en su nido sólo había una nota que decía: tú, txiqui-lago, no eres lo que yo necesito. Mis plumas ahora que son nuevas ya no brillan igual reflejadas en tu agua verde. Mi nido ahora es más grande y ya no cabe en tu orilla. Tu agua no ha cambiado nada en todo este tiempo y ya no me quita la sed. Tus peces ya no me sirven de alimento. Yo ahora, mírame, cada día nado mejor y tu agua es muy poca para mi.

Ese día Txiqui-lago se contaminó con la diosa sequía. Le dejó de oponer resistencia y se secó unos meses después, gota a gota. Y en cada gota de agua que perdía veía cada uno de los restos que habían dejado en sus aguas: plumas, juncos secos,... y con cada gota que se iba con el sol se iban los momentos posos, la popo que había quedado en el fondo, las algas, los peces, los gusanitos del lodo... y nunca más se supo de patito, y nunca más se supo dónde fue a parar el agua del txiqui-lago.

domingo, agosto 12, 2007

más de lo que [pensaba]

Part. verb. [pensar]
(Del lat. pensâre. pesar, calcular, pensar)
1. tr. Imaginar, considerar o discurrir.
2. tr. Reflexionar, examinar con cuidado algo para formar dictamen.
3. tr. Intentar o formar ánimo de hacer algo.

In the blizzard of '77
the cars were just lumps on the snow
and then later
tripping in 7-11
the shelves were stretching out of control.
On a plane rid
the more it shakes
the more I have to let go
Now te signals
still getting all mixed up
We're always doing damage control

But in the middle of the night I worry...
It's blurry even without light...

I know I've got a negative edge
that's why I sharpen all the others a lot
It's like flowers or ladybugs
pretty weeds or red beetles with dots

But in the middle of the night I worry...
It's blurry even without light...

I miss you more than I knew... I miss you more then I knew... I miss you more then I knew...






[y no tengo nada más que decir por hoy...]
PD. mil gracias a la persona que colgó la canción de Rapsusklei como comment

lunes, julio 23, 2007

se me han [esfumado]...

part. verb. [esfumar]
(Del it. sfumare)
[...]
3. prnl. Disiparse (Esparcirse y desvanecerse)


Y sin darme cuenta se me han ido los días. Allá en el refugio, allí donde el sol brillaba y el cielo era azúl (menos los días de tormenta, cuando las calles sin alcantarillas eran lagunas...). Entre acordes de discos de Radiohead, canciones de Nada Surf y películas piratas (envueltos en un nórdico). Entre tickets de la mensa y cafés en el Viena. Entre la calle Mateotti y la viale Principessa Maria. En la viale Italia, justo al ladito del Coco-Loco... no me he dado cuenta de cómo ha corrido el tiempo. Ni siquiera cuando me tumbaba en la playa a escuchar las olas y ver los horizontes cada vez más bronceados y llenos de constelaciones. Esos ratos que no tenían precio alguno. Que me llenaban de vida a cada toma de aire como si fuera droga dura. Un escándalo continuo de nervios, pieles erizadas y minutos gratis de Wind. Un alarde de belleza encubierta en mares rizados. Negros como lo profundo del sueño que me envolvía por las noches y me escupía con fuerza cada mañana bien temprano, agitado por el sonido de un tranvía aliado con alguna que otra ambulancia. Macetas que son ceniceros, procesiones callejeras salpicadas de cuerpos que se buscan, de cervezas y patatas fritas, de duchas por las que no sale ni una gota de agua. Y me quiero dar cuenta y ya no estoy allí. Y puede que sí, puede que vuelva algún rato, algunos días. Pero no allí. Es un claro ejemplo de síndrome de Estocolmo... la única diferencia es que mi secuestro es totalmente voluntario. Aunque esté de vuelta. Sigo estando preso de las constelaciones que brillaban con fuerza (ahora todavía las noto brillar si cierro los ojos) y del mar rizado, el mismo en el que bañarse cada noche era la manera más dulce de vivir.


[sigo secuestrado, aunque ahora en otra parte del Mediterráneo]

miércoles, mayo 02, 2007

[constelaciones] que te hacen volver loco...


(Del lat. constellatîo, -ônis)



1.f. Conjunto de estrellas que, mediante trazos imaginarios sobre la aparente superficie celeste, forman un dibujo que evoca determinada figura, como la de un animal, un personaje mitológico, etc.


2. f. Conjunto, reunión armoniosa.




9 segundos tarda en salir el aire de mis pulmones... circula airado y empujado por un diafragma nervioso amortiguado a la fuerza. Tranquilos por obligación y dejando salir lo que llevan dentro, mis pulmones reinventan la atmósfera de esta habitación enorme a cada peldaño de la escalera que me conduce a la siguiente bocanada. Y es que tiemblo al ver aparecer por la ventana cada una de esas constelaciones. Me hierve la sangre al ver como brillan sobre el cielo cada día más tostado por el sol. El mismo cielo que caliente durante el día derrama la temperatura por la noche a la luz de mis ojos privilegiados. Los mismos globos oculares que contemplan una y otra vez, sin cansarse, enfermos de vida...


Un parón en la respiración, un sobresalto en el ritmo cardíaco.. y es que no hay placer más cercano a la perdición que notar cómo se deslizan las constelaciones detrás de ti. Apareciendo por sorpesa, el cielo a mi espalda y mi mirada fija, ausente y vacía hasta que aparecen. Derivando sangre bombeada con fuerza a cada una de mis venas, erizando pelo que ni sabía que podía notar. Y es que no se sabé cómo, porqué, ni cuándo, me perdí en las constelaciones... loco y sin cerrojos; y lo mejor es que no me da la gana volver a encontrarme.

viernes, marzo 30, 2007

mares de [rizos], islas y poco más

(Del lat. ericîus, erizo)



1. adj. Ensortijado, o hecho rizos naturalmente.


[...]


3.m. Mechón de pelo que artificial o naturalmente tiene forma de sortija, bucle o tirabuzón.


[...]


(Del fr. ris)


1.m.Mar. Cada uno de los pedazos de cabo blanco o cajeta, de dos pernadas, que pasado por los ollaos abiertos en línea horizontal en las velas de los buques, sirven como de envergues para la parte de aquellas que se deja orientada, y de tomadores para la que se recoge o aferra, siempre que por cualquier motivo conviene disminuir su superficie.




Cuaderno de bitácora de los_días_de_sofá.




Hoy ha amanecido diferente. Un grito de alarma. Después de atravesar parte del Mediterráneo la tripulación está inquieta. Un mar de rizos ha tomado forma alrededor de la nave. Sutil, ligero, convirtiéndose en azotes invisibles de los cuales sólo hemos notado el salpicar de la espuma y el suave sabor salado de su gusto. Sables en mano, temerosos, los marineros han resbalado una y otra vez por todo el barco. Agitados como almas que persigue el demonio reclaman a gritos una respuesta. Y qué respuesta puedo darles yo... si lo único que noto es el palpitar de mi sangre en las venas y el dulce olor de la adrenalina fluyendo por ellas... Ese mar que nos retiene el habla, que nos devuelve todas las razones de la existencia y de navegar. Acá fuera resisto el envite de mis hombres. Rudos y crispados como los rizos que cada vez más se tiñen de negro allá a lo lejos. Es en el fondo de mi camarote donde me recluyo encima de una carta, con una brújula que había perdido por momentos el rumbo y una vela que chorrea y destila paciencia. En la misma habitación húmeda que retiene mis pecados y mis miedos. Fuera de ella me impongo ante la mar y mis hombres. Mi corazón se calienta como los tablones de cubierta en las mañanas de agosto, mi pelo se eriza con el viento y la frescura de cada uno de sus soplidos. La mar rizada a proa. Envite inminente. Le gano el barlovento a mis dudas y aferro el timón con más fuerza. Disfrutad de la mar rizada, marineros. No temáis. Sed vosotros mismos ante la oportunidad que os regala el viento.




[relatos marineros sobre rizos en islas mediterráneas]